Te amaré hasta dejarte sin piel, hasta arrancar el aroma de tu alma, hasta pelar mis pestañas de tanto mirarte. Te amaré hasta quedarme sin manos por acariciarte, hasta arañar las sábanas que nos desnuden, hasta quebrar los adioses que nos separen. Te amaré hasta que las almohadas lleven tu nombre,hasta que las tormentas sólo sean de ti, hasta que mi boca sea tu único abrigo. Te amaré hasta dejarte en blanco y negro de tanto abrazarte, hasta que tu corazon marque las horas, los minutos y los segundos y no necesitemos reloj que nos despierte, hasta que tus oídos se acostumbren y me adivinen antes de lanzarme a tu cuerpo... Te amaré hasta que nuestros ojos apaguen la luz por nosotras. Y así me quedaré: sin saliva, sin garganta y sin razón, por marcarte los te amo en la nuca cada vez que duerma a tu lado, por escuchar cada uno de tus latidos y mezclarlos con los míos en un único segundo, por drogarme hasta morir con sólo mirarte y estar a tu lado, te amaré siempre, lo juro

No intentes enterrar el dolor, se extenderá a través de la tierra, bajo tus pies, se filtrará en el agua que hayas de beber y te envenenará la sangre. Las heridas se cierran, pero siempre quedan cicatrices más o menos visibles que volverán a molestar cuando cambie el tiempo, recordándote en la piel su existencia, y con ella el golpe que las originó. Y el recuerdo del golpe afectará a decisiones futuras, creará miedos inútiles y tristezas arrastradas, y tú crecerás como una criatura apagada y cobarde. No hay tierra nueva ni mar nuevo, la vida que has malogrado queda en cualquier parte del mundo