Te amaré hasta dejarte sin piel, hasta arrancar el aroma de tu alma, hasta pelar mis pestañas de tanto mirarte. Te amaré hasta quedarme sin manos por acariciarte, hasta arañar las sábanas que nos desnuden, hasta quebrar los adioses que nos separen. Te amaré hasta que las almohadas lleven tu nombre,hasta que las tormentas sólo sean de ti, hasta que mi boca sea tu único abrigo. Te amaré hasta dejarte en blanco y negro de tanto abrazarte, hasta que tu corazon marque las horas, los minutos y los segundos y no necesitemos reloj que nos despierte, hasta que tus oídos se acostumbren y me adivinen antes de lanzarme a tu cuerpo... Te amaré hasta que nuestros ojos apaguen la luz por nosotras. Y así me quedaré: sin saliva, sin garganta y sin razón, por marcarte los te amo en la nuca cada vez que duerma a tu lado, por escuchar cada uno de tus latidos y mezclarlos con los míos en un único segundo, por drogarme hasta morir con sólo mirarte y estar a tu lado, te amaré siempre, lo juro


Si soportáramos esa angustia de no saber que quieren de nosotros tal vez algo nuevo podría llegar a nuestra vida. Si pudiéramos dejarnos atravesar por el deseo del otro, dejar que quieran algo, que nos quieran, dejar que pretendan cosas de nosotros porque eso es existir. El deseo del otro nos atemoriza, sentimos que quiere arrebatarnos algo muy preciado. ¿Pero no es eso en definitiva lo que anhelamos? Que nos quieran por lo que somos, por lo que tenemos, por eso que nos hace únicos. ¿Qué quiere el otro de mí? No sé, me quiere por las razones que sea, me quiere. ¿Tanto cuesta hacerse cargo de eso? Tocar tu corazón. Tal vez eso es lo que quiere el otro cuando quiere algo de vos.